Las Claves en la Balacera del Tec

Altar a los 2 estudiantes fallecidos

“En una guerra, lo primero que muere es la verdad.”

Esquilo (525 a. C. – 456 a. C.)

La noche del 18 de Marzo el Ejército Mexicano cometió una grave cadena de errores que hasta el momento son la mancha más grande en la credibilidad, aun muy alta, con que cuentan en la percepción de la gente.

Un tiroteo se desencadenó sobre la avenida Eugenio Garza Sada en Monterrey, justo a la altura del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Lo más duro de la refriega ocurrió justo en el cruce con la avenida Luis Elizondo donde está uno de los accesos al campus, y donde en un momento fatídico, salían dos estudiantes de posgrado, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, quienes murieron en el lugar.

No se ha podido precisar si los estudiantes murieron por disparos del ejército o de los criminales, pero lo que sí parece claro es que el ejército cometió una serie de abusos en el lugar. Se alteró la escena del crímen sustrayendo las credenciales y sembrando rifles a los estudiantes para hacerlos pasar por sicarios, también se destruyó la cámara de seguridad perimetral más cercana al lugar de los hechos, tratando de eliminar evidencias.

Al principio el Ejército Mexicano mantuvo su postura de que los jovenes estudiantes eran sicarios, pero han sido suavizando su postura hasta el grado de aceptar la recomendación que les hizo la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre el caso, en lo que se considera una aceptación manifiesta de las culpas.

Desde entonces, ha existido un cambio en la conducta institucional del ejército al asumir con honestidad los errores que llegan a cometer como el pasado 5 de Septiembre en que dos miembros de una familia fueron atacados por militares en una confusión, y la Secretaría de la Defensa Nacional de inmediato aceptó el error y asumió su culpa. Ese es el camino. Sólo así, la gente podrá seguir confiando en el último bastión de gobernabilidad que tiene este país.

Sin embargo, la noche negra del 18 de Marzo en el Tecnológico de Monterrey quedará como una mancha indeleble.

Los Hechos.

El pasado 12 de Agosto, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió una recomendación a la Secretaría de la Defensa Nacional, a la Procuraduría General de la República y al Gobierno del Estado de Nuevo León. En el documento se refiere toda la investigación y peritajes realizados por la CNDH que arrojan luz sobre lo que ocurrió en esa desafortunada noche en Monterrey.

A la medianoche entre el 18 y 19 de Marzo, un convoy del Ejército Mexicano circulaba por avendia Constitución en Monterrey, cuando fue rebasado por una camioneta Yukón que pareció sospechosa y de inmediato se dispusieron a detenerla. La camioneta imprimió velocidad y enfiló hacia el sur de la ciudad por avenida Garza Sada. Al incorporarse a Garza Sada los ocupantes de la camioneta abrieron fuego contra los militares.

Incluso, en la parte superior de la Yukón se abrio una escotilla circular blindada, donde se colocó un sicario para continuar el fuego. La persecución terminó a la altura del cruce con Luis Elizondo al quedar imposibilitadas las unidades para seguir avanzando y en ese punto se recrudeció el fuego.

Los militares, en su testimonio, aseguran que llegaron camionetas con refuerzos para los sicarios tratando de cercar a los soldados a quienes disparaban desde lo alto de un puente que pasa por el lugar y otra camioneta llegó por avenida Luis Elizondo para tratar de completar el cerco. Los ocupantes de la camioneta Yukón se bajaron disparando y sus ocupantes subieron a una camioneta pick up que había llegado al lugar, al parecer de la policía estatal, para emprender la huida.

De la misma camioneta Yukón, aseguran los soldados, descendieron también dos jovenes que corrieron hacia la entrada del Tecnológico y cayeron abatidos. Eran Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado del Tec.

Noticia del enfretamiento a las afueras del Tec

El documento de la CNDH ya citado, arroja información muy valiosa para entender lo sucedido. Estas son las claves en la Balacera del Tec:

1. Los estudiantes presentaron heridas realizadas a corta distancia.

La autopsia que realizó el Servicio Médico Forense de la PGJNL revela que el cuerpo del estudiante Jorge Antonio Mercado Alonso presentaba lesiones y seis heridas producidas por proyectil de arma de fuego. Dos de esas heridas presentaban incrustación de granos de pólvora lo que, según la CNDH, “pericialmente implica que ambos disparos pudieron haber sido realizados a menos de un metro (de distancia) y en forma directa.”

Asimismo, ambos cadáveres presentaban golpes en el rostro. El mismo reporte de las autopsias señala que esos golpes son de naturaleza “equimótica,” esto es una coloración causada por el sangrado superficial dentro de la piel, debido a la ruptura de vasos sanguíneos como consecuencia del sufrimiento de un golpe contuso, lo que sólo se puede presentar cuando la persona que los tiene se encuentra viva al momento de recibirlos.

Sobre estos golpes, el dictámen médico forense realizado por la Coordinación de Servicios Periciales de la CNDH determinó que las lesiones en el rostro no corresponden a una caída, sino que “fueron producidas por traumatismo directo, por un objeto romo, de consistencia dura, de bordes lisos y no por una caída.”

La misma Coordinación de Servicios Periciales dictamina que “existió un periodo agónico de las víctimas (de segundos a minutos), lo cual tiene relevancia, en el sentido de que con un alto grado de probabilidad que, después de haber recibido los disparos, fueron lesionados en la cara”.

Conclusión: Ya heridos, y en agonía, los estudiantes siguieron siendo lesionados. A Mercado Alonso le dispararon a corta distancia y ambos estudiantes fueron golpeados, aun en vida, por un objeto que según la descripción de la CNDH correspondería a la culata de los rifles. Con lo grabado por la cámara de seguridad se hace evidente que, de quienes dispararon en el combate, el más cercano a los estudiantes caídos, en tiempo y espacio, era un elemento militar quien sería el causante de las lesiones.

2. Las imagenes grabadas por la cámara de seguridad.

La cámara de seguridad más cercana a los hechos estaba localizada en la caseta de vigilancia por la cual se accesa al campus, apenas a unos pasos del cruce de las avenidas Eugenio Garza Sada y Luis Elizondo, en donde se da el enfrentamiento.

El video grabó a ambos estudiantes dirigiéndose juntos a dicho acceso  a las 00:49:55 del 19 de Marzo. A las 00:55:29, el estudiante Jorge Antonio Mercado Alonso es registrado viendo hacia atrás, y a las 00:55:31 corre hacia el interior del campus, pero se detiene, voltea de nuevo en direccion a la entrada del Instituto y regresa al lugar del enfrentamiento probablemente a auxiliar a su compañero. A las 00:55:41 es registrado por última vez con vida. En ningún momento se vió que portaran algún rifle.

Siete segundos después, a las 00:55:48 y a las 00:55:51, se observan nubes de humo, probablemente disparos de arma de fuego, en la imagen. También se logran percibir algunas sombras, y a las 00:56:29 y 00:56:36 se observa, por primera vez, a elementos militares en la toma.

Entre el momento en que el estudiante es visto con vida por última vez, y la primera aparición de un militar en la toma, transcurren tan solo 48 segundos.

A las 00:58:11 se observa ya, a un militar entrando al campus. También es importante señalar que en la imagen, a las 00:58:32 y 00:58:52, puede observarse sin mucha claridad un objeto que sigue una trayectoria de arriba abajo. Es aquí donde la CNDH, en su investigación, sugiere que los estudiantes habrían sido golpeados con las culatas de los rifles mientras agonizaban, y que generaron las lesiones faciales que quedaron asentadas en las autopsias.

Posteriormente, en el video se ve que las luces se apagan a las 01:30:13 horas y a las 02:06:21 es detectada y destruida la cámara de seguridad que grabó estas imagenes.

Conclusión: Las imagenes muestran que los estudiantes salían del campus cuando se da el enfrentamiento y no viajaban en la camioneta Yukon blindada, ni portaban armas, como testificaron elementos militares.

Asimismo, del momento en que el estudiante es visto por última vez con vida, al momento en que se observan los disparos, y un soldado aparece por primera vez en la toma, se puede deducir que era personal militar el que estaba más cercano al estudiante, y que de sus rifles salen los disparos que se observan en la toma.

Reportaje de Televisa que incluye las imagenes de la cámara de seguridad.

3. Personal militar alteró la escena del crímen sembrando armas y buscando destruir evidencias para hacer pasar a los estudiantes como sicarios.

En las declaraciones rendidas por los militares ante el Ministerio Público Federal, éstos aseguraron que los estudiantes portaban “un fusil automático, calibre .308, de la Marca Century Arms, modelo Cetme Sporter, matrícula borrada; así como 1 una carabina, calibre .223-5-56 mm, marca Bushmaster, modelo XM15-E2S, matrícula L262834.”

Asímismo, el Servicio Médio Forense en su acta de fe ministerial reporta que dichas armas estaban sobre los cuerpos de los estudiantes.

Sin embargo, en un correo electrónico con el informe enviado por el Comandante de la 7ma Zona Militar en Nuevo León se refiere que al llevar a cabo la inspección del vehículo Yukón en que se desplazaban los delincuentes, se encontró “un fusil automático, calibre .308, de la Marca Century Arms, modelo Cetme Sporter, matrícula borrada; así como 1 una carabina, calibre .223-5-56 mm, marca Bushmaster, modelo XM15- E2S, matrícula L262834.”

Además, ya una vez asegurado el campus, personal militar destruye la cámara de seguridad perimetral que se encontraba en la caseta de seguridad a unos pasos de donde se libra la refriega.

Otro aspecto a señalar es que a ninguno de los 2 cuerpos les fue encontrada su credencial de estudiantes, cuando es requisito indispensable mostrar su credencial para ingresar al campus. En el mismo sentido, guardias de seguridad del Tec testificaron que el estudiante Arredondo Verdugo portaba su mochila, hecho que se ve en las imagenes de video. La mochila tampoco apareció.

Conclusión: El reporte del Comandante de la 7ma Zona Militar evidencia la mentira. Los rifles fueron sustraídos de la camioneta Yukon de los delincuentes y les fueron puestos a los cadáveres de los estudiantes para implicarlos y justificar el error en el operativo. Asimismo, los objetos que pudieran identificar a los fallecidos como estudiantes, como lo son sus credenciales y la mochila fueron sustraidos de la escena del crímen.

4. Obstrucción de la investigación

La Procuraduría General de Justicia de Nuevo León (PGJNL), la Procuraduría General de la República (PGR) y la Procuraduría General de Justicia Militar (PGJM) obstruyeron la investigación al restringir el acceso a las averiguaciones previas.

La PGJNL argumentó “que no era posible autorizar la consulta de la averiguación previa ni dar acceso a los dictámenes periciales realizados en esta, pues había sido remitida a la PGR, asimismo, que los visitadores adjuntos de la CNDH no podían entrevistarse con peritos de la PGJNL para no distraerlos de sus actividades.”’

La falta de colaboración de la citada Procuraduría queda de manifiesto en razón de que el Reglamento de la Ley Orgánica de la PGJNL dispone que se depositará en el Archivo General de la Procuraduría el duplicado de todos los dictámenes emitidos por los servicios periciales.

La PGR, por su parte, inicialmente dio acceso a la averiguación previa, pero luego negó su consulta aduciendo que estaba impedida jurídicamente para dar acceso a la averiguación por ser información reservada según el Código Federal de Procedimientos Penales.

Sin embargo, la misma PGR a través de su departamento de Comunicación Social publicó días despuéss varios elementos de la averiguación previa, no obstante que le había negado el acceso a la CNDH.

Finalmente, la PGJM también se negó a dar acceso a la averiguación previa argumentando las mismas razones que la PGR: estaban impedidos por el Código Federal de Procedimientos Penales.

Conclusión: La CNDH no tuvo acceso a información clave para esclarecer los sucesos en las afueras del Tec. En las averiguaciones previas, según la CNDH “debe constar el análisis de las ojivas que quedaron alojadas en los cuerpos de los dos estudiantes, y al extraerse debieron ser analizadas para establecer el calibre y las marcas que presentan, identificar si los impactos son procedentes de alguna de las armas de cargo de los elementos militares involucrados en los hechos o de las armas aseguradas, así como confirmar la trayectoria y posición víctima-victimario.” Esta información permitiría saber si los estudiantes fallecieron por fuego de los militares o de los delincuentes.

La fatídica confusión

El reporte de la CNDH no establece una hipótesis concluyente de lo que sucedió, pero por la secuencia de hechos que narra, “Daño Colateral” deduce que en al calor de la refriega, los soldados confundieron con sicarios a los estudiantes que salían del campus justo en ese momento y abrieron fuego hiriéndolos.

Hasta ese momento, todo parecía una confusion factible en un combate. Al ver a los presuntos sicarios malheridos en el suelo, los militares los golpearon con las culatas en el rostro y probablemente hicieron más disparos, lo que habría ocasionado las lesiones faciales y las heridas de bala con incrustaciones de pólvora por la proximidad del disparo.

Al darse cuenta del grave error que cometieron, deciden encubrirlo tratando de hacer pasar a los estudiantes ya fallecidos, como sicarios. Apagan las luces, destruyen la cámara, los despojan de sus credenciales y de la mochila, para luego sembrar las armas que habían encontrado en la Yukon blindada donde iban los verdaderos sicarios.

Un video ciudadano que apareció en YouTube fue grabado por una testigo que estaba en una tienda de conveniencia a menos de 50 metros de la escena. Capta el momento, ya posterior al combate, en que los soldados ya están dentro del campus y se escuchan los gritos de los militares pidiendo que se apaguen las luces, por lo que debió ser antes de la 1:30, que es el momento en que las cámaras de seguridad del campus captan el apagón. El momento significativo es cuando la testigo es descubierta grabando, y se escucha una voz, al parecer de un soldado, pidiéndole con insistencia que borre lo que grabó, ante el temor de captar la alteración de la escena del crímen.


Video ciudadano captado después de la balacera

Parteaguas

Los hechos en el Tec han sido un parteaguas para las Fuerzas Armadas de México. No se pueden repetir errores tan graves como los sucedidos aquel día.

En una guerra habrá daños colaterales, sin duda, y caerán víctimas inocentes. Seguramente, nunca fue la intención del Ejército asesinar estudiantes que nada tenían que ver con el crímen organizado, pero la coyuntura fatídica de tiempo y espacio ocasionaron una terrible confusión en que murieron dos estudiantes de excelencia.

Hasta ahí es entendible, lo que no se entiende y no es admisible bajo ninguna circunstancia es el engaño y la brutalidad, pues esa no es la imagen que el pueblo de México tiene de su Ejército.

Así lo ha entendido el Ejército que ha aceptado con humildad la recomendación de la CNDH. “No somos verdugos,” manifestó el Comandante de la 4ta Zona Militar, Guillermo Moreno Serrano. “Es un caso muy doloroso definitivamente porque existen vidas, vidas que no queremos poner en riesgo.”

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